Carcinógenos: qué son, cómo se clasifican y por qué la lista cambia todo el tiempo
Share
Cada cierto tiempo aparece una noticia con un titular alarmante: “la OMS dice que X causa cáncer”. A veces es sobre el tocino, otras sobre el celular, otras sobre el café. Y casi siempre la noticia se queda corta, porque detrás de cada uno de esos titulares hay un sistema de clasificación con más de cinco décadas de historia, miles de estudios revisados y una lógica que poca gente conoce a fondo. Esta guía busca explicar exactamente eso: qué es un carcinógeno según la ciencia, quién decide qué entra en cada categoría, cuándo empezó todo esto y qué se sigue actualizando.
¿Quién decide qué es carcinógeno?
La entidad detrás de esta clasificación es la IARC (International Agency for Research on Cancer / Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer), un organismo que forma parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La IARC se fundó en 1965, en Lyon, Francia, con un grupo inicial de países miembros —entre ellos Alemania Occidental, Francia, Italia, Reino Unido y Estados Unidos—, con el objetivo de investigar las causas del cáncer a nivel global.
Seis años después, en 1971, la IARC lanzó su programa más conocido: las Monografías IARC, el proyecto que evalúa sustancias, exposiciones y agentes para determinar si existe evidencia de que causan cáncer en humanos. Desde entonces y hasta hoy, el programa ha evaluado más de 1,000 agentes distintos, de los cuales más de 500 han sido identificados con algún nivel de potencial carcinogénico.
Es importante aclarar algo desde el inicio: la IARC no prueba que algo cause cáncer en un laboratorio como si fuera un experimento aislado. Lo que hace es reunir a grupos de trabajo formados por científicos independientes de distintos países, que revisan toda la evidencia publicada —estudios en humanos, estudios en animales, mecanismos biológicos— y llegan a un consenso sobre qué tan fuerte es esa evidencia. El resultado de ese proceso es la clasificación en uno de los grupos.
Cómo funcionan los grupos
El sistema actual tiene cuatro grupos activos (originalmente eran cinco, más abajo explico por qué cambió):
Grupo 1 — Carcinógeno para el ser humano
Evidencia suficiente y confirmada en estudios humanos. Aquí no hay duda razonable: la sustancia o exposición causa cáncer. Ejemplos: tabaco, alcohol, amianto, benceno, formaldehído, radiación ultravioleta solar, carnes procesadas (embutidos, dulces procesados), aflatoxinas, radón, contaminación del aire exterior (PM2.5), el virus del VPH, hepatitis B y C, y el cloruro de vinilo (la materia prima del PVC, uno de los plásticos más comunes del mundo).
Grupo 2A — Probablemente carcinógeno
Hay evidencia limitada en humanos, pero suficiente en animales de laboratorio, o mecanismos biológicos que apuntan fuertemente en esa dirección. Ejemplos: carne roja, glifosato, trabajo nocturno por turnos, acrilamida (frituras, pan tostado), bebidas muy calientes (+65 °C) y el gas de escape de motores diésel.
Grupo 2B — Posiblemente carcinógeno
La evidencia existe, pero es más débil o inconsistente que en 2A. Aquí es donde vive uno de los casos más comentados: la radiación de radiofrecuencia de los teléfonos móviles, clasificada en este grupo desde 2011. También están el plomo, ciertos campos electromagnéticos de baja frecuencia, los gases de motores a gasolina y los encurtidos estilo asiático tradicional.
Grupo 3 — No clasificable
No significa “seguro”. Significa que la evidencia disponible hasta ahora no alcanza para concluir nada en ninguna dirección, ya sea porque los estudios son insuficientes, contradictorios o simplemente no existen todavía. Aquí caen sustancias tan cotidianas como la cafeína, el té, y —contrario a lo que mucha gente asume— los plásticos terminados de uso común (como una botella o un empaque), que no tienen la misma evidencia que sus materias primas químicas.
¿Qué pasó con el Grupo 4?
Hasta 2019 existía un quinto grupo, el Grupo 4: “probablemente no carcinógeno”, reservado para sustancias con evidencia de que no causan cáncer. Durante décadas tuvo un solo miembro: la caprolactama, un compuesto usado para fabricar nylon. En 2019, tras una revisión de la evidencia, la caprolactama fue reclasificada al Grupo 3, y el Grupo 4 quedó vacío. La IARC decidió eliminarlo del sistema activo, dejando los cuatro grupos que existen hoy.
El error más común: confundir certeza con riesgo
Este es probablemente el punto que genera más confusión pública, así que vale la pena remarcarlo: la clasificación de la IARC mide qué tan sólida es la evidencia científica, no qué tan peligrosa es la sustancia en términos absolutos.
Que el tabaco y las carnes procesadas estén ambos en Grupo 1 no significa que representen el mismo nivel de riesgo. El tabaco causa un porcentaje enorme de los cánceres de pulmón a nivel mundial; el consumo de embutidos aumenta el riesgo de cáncer colorrectal, pero en una magnitud mucho menor. Ambos están en Grupo 1 porque en ambos casos la evidencia es igual de sólida, no porque el peligro sea equivalente. Por eso, cuando alguien dice “esto está en el mismo grupo que el tabaco, entonces es igual de malo”, está interpretando mal el sistema.
¿Cómo y cuándo se actualiza la lista?
La lista de la IARC no es estática. Se actualiza constantemente a medida que:
• Aparece nueva evidencia científica sobre sustancias ya evaluadas (lo que puede mover un agente de un grupo a otro, como pasó con la caprolactama).
• Se identifican nuevas sustancias o exposiciones que ameritan revisión, muchas veces sugeridas por un grupo asesor externo.
• Se reorganizan categorías existentes para mayor precisión. Por ejemplo, en septiembre de 2022, la IARC dividió un grupo amplio de cepas del VPH en listados individuales, y separó la radiación UV proveniente de la soldadura como una categoría propia dentro del Grupo 1. En julio de 2023, se creó un listado individual específico para el uranio, que antes estaba agrupado de forma más genérica dentro de los radionúclidos.
Algunas fechas de referencia de evaluaciones que suelen generar titulares:
• 2011 — Radiación de radiofrecuencia de móviles → Grupo 2B
• 2013 — Contaminación del aire exterior → Grupo 1
• 2015 — Carne roja → Grupo 2A; carnes procesadas → Grupo 1
• 2019 — Revisión general del sistema y desaparición del Grupo 4
La revisión de los criterios y procedimientos del programa (conocida como el “Preámbulo” de las Monografías) también se actualizó formalmente en 2019, formalizando cómo se seleccionan los agentes a evaluar y cómo se documenta cada evaluación.
Un matiz importante sobre los plásticos
Vale la pena aclarar algo que suele generar confusión: la IARC no evalúa “el plástico” como concepto genérico, sino los componentes químicos usados para fabricarlo. El caso más claro es el cloruro de vinilo, materia prima del PVC, clasificado en Grupo 1 y asociado a cáncer de hígado y ciertos linfomas. Otros monómeros como el fluoruro de vinilo están en Grupo 2A. Pero el objeto plástico ya terminado —una botella, un empaque— generalmente cae en Grupo 3 por falta de evidencia suficiente, que es una situación completamente distinta a la de sus materias primas.
En resumen
La clasificación de la IARC es, hasta ahora, el sistema más riguroso y citado a nivel mundial para entender qué sustancias y exposiciones tienen evidencia de causar cáncer. No es una lista de “cosas prohibidas” ni un ranking de peligrosidad: es un mapa de certeza científica, actualizado de forma continua desde 1971, que sigue creciendo a medida que la evidencia lo permite.
La próxima vez que veas un titular alarmante sobre “lo nuevo que causa cáncer”, vale la pena preguntarse: ¿en qué grupo está exactamente? ¿Qué tan reciente es la evaluación? ¿Y qué tan grande es realmente el riesgo, más allá de la categoría?
Fuentes:
• IARC Monographs — Lista completa de clasificaciones: https://monographs.iarc.who.int/list-of-classifications
• IARC Monographs Q&A (2019): https://monographs.iarc.who.int/wp-content/uploads/2018/07/IARCMonographs-QA.pdf
• OMS — Preguntas y respuestas sobre carnes rojas y procesadas: https://www.who.int/es/news-room/questions-and-answers/item/cancer-carcinogenicity-of-the-consumption-of-red-meat-and-processed-meat