Cómo la industria del azúcar compró a Harvard y cambió lo que comemos durante 50 años

Cómo la industria del azúcar compró a Harvard y cambió lo que comemos durante 50 años


Por Denisse Clyton  | Vida natural y libre de tóxicos


Hay historias que, cuando las lees, te hacen repasar todo lo que creías saber. Esta es una de ellas.

En 1967, dos reputados investigadores de Harvard publicaron una revisión científica en el New England Journal of Medicine, una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo. Sus conclusiones fueron claras y contundentes: la grasa era la gran culpable de las enfermedades del corazón. El azúcar, en cambio, quedaba prácticamente absuelto.

Durante décadas, esa revisión moldeó las recomendaciones nutricionales de gobiernos, médicos y organismos de salud de todo el mundo.

El problema es que nadie sabía quién había pagado por ella.


La historia que no te contaron

En 2016, la investigadora Cristin Kearns, de la Universidad de California en San Francisco, se subió a un avión, voló a Boston y pasó varios días en el sótano de la biblioteca de la Facultad de Medicina de Harvard revisando cajas de cartas antiguas.

Lo que encontró dejó sin palabras a toda la comunidad científica.

La Sugar Research Foundation, el principal lobby de la industria azucarera en Estados Unidos, había contactado en 1965 con los investigadores de Harvard. El trato era sencillo: ellos elegirían los estudios a revisar, marcarían el objetivo, y pagarían por ello. El equivalente a 48.000 dólares actuales.

Lo que querían era claro desde el principio. John Hickson, vicepresidente de la Sugar Research Foundation, lo escribió sin rodeos en un memorando interno de 1964: el objetivo era financiar investigación propia para "refutar a nuestros detractores" y contrarrestar los estudios que relacionaban el azúcar con las enfermedades cardiovasculares.

Y funcionó exactamente como planearon.


Cómo se fabricó una "verdad científica"

Los estudios que se entregaron a los investigadores de Harvard para su revisión fueron elegidos a mano por la propia industria azucarera. Los que señalaban al azúcar como culpable fueron sometidos a una crítica implacable: metodología cuestionable, muestras insuficientes, resultados no extrapolables. En cambio, los estudios que señalaban a la grasa pasaron sin apenas cuestionamiento.

No era ciencia. Era una estrategia de relaciones públicas disfrazada de ciencia.

Cuando por fin se publicó la revisión en 1967, los autores no declararon ningún conflicto de interés. En aquella época, el New England Journal of Medicine no lo exigía. Esa obligación no llegaría hasta 1984.

El resultado: medio siglo de políticas nutricionales construidas, al menos en parte, sobre un estudio comprado.


Las consecuencias que todavía pagamos

A partir de aquella revisión, el mundo le declaró la guerra a la grasa. La mantequilla se convirtió en veneno. Los huevos, en sospechosos. La carne, en el enemigo.

Y mientras tanto, la industria alimentaria llenó de azúcar todo lo que etiquetó como "bajo en grasa". Cereales, yogures, salsas, pan de molde. Productos presentados como saludables que dispararon el consumo de azúcar de forma silenciosa durante décadas.

El propio Mark Hegsted, uno de los investigadores de Harvard que firmó aquella revisión, llegó años después a ser jefe de nutrición del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, donde en 1977 ayudó a redactar las primeras guías dietéticas federales del país.

La misma persona. Las mismas ideas. Ahora con poder institucional.


Lo que dice la ciencia hoy

En 2016, el estudio de Kearns y su equipo fue publicado en JAMA Internal Medicine. No es una teoría conspirativa ni un blog de internet. Es un paper científico revisado por pares, con nombres, fechas, cartas originales y cantidades exactas.

La propia Sugar Association, heredera de la Sugar Research Foundation, reconoció que "debería haber ejercido una mayor transparencia". Eso fue todo.

Hoy, organismos como la Organización Mundial de la Salud recomiendan limitar el consumo de azúcares añadidos. La Asociación Americana del Corazón vincula su exceso con un riesgo significativamente mayor de enfermedad cardiovascular. Los mismos que durante décadas fueron señalados como culpables, la grasa natural, los huevos, la carne de calidad, están siendo rehabilitados uno a uno por la evidencia científica actual.


La pregunta que nadie responde

Esta historia no es solo sobre el azúcar. Es sobre cómo se fabrica el consenso científico. Sobre quién decide qué se estudia, qué se publica y qué llega al médico que te receta o al nutricionista que te aconseja.

La pregunta que me hago cada vez que leo una nueva recomendación nutricional es siempre la misma:

¿Quién firmó este estudio? ¿Y quién le pagó?

No te pido que desconfíes de todo. Te pido que preguntes.

Porque si esto ocurrió una vez, documentado, con nombres y cartas y cantidades exactas, la pregunta lógica es cuántas otras "verdades" de hoy se están escribiendo de la misma manera.


¿Quieres saber más sobre estos casos documentados? Escríbeme y te mando los estudios originales.

Fuente principal: Kearns, Schmidt y Glantz. JAMA Internal Medicine, septiembre de 2016.

Regresar al blog

Deja un comentario